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Algunas veces también me pasaron tonterías; por ejemplo, una vez hice una declaración inocente sobre el famoso poeta Schiller, por la cual pronto todos las boleras del sur de Alemania me declararon un difamador de los santuarios patrios. Pero ahora ya he conseguido desde hace años no hacer ninguna declaración que pueda difamar los santuarios ni hacer que las personas se pongan rojas de cólera. Creo que eso ha sido un progreso. Dado que para mí la llamada realidad no desempeña un papel muy importante, porque lo pasado me llena con frecuencia igual que el presente y lo actual me parece infinitamente lejano, por eso tampoco puedo separar el futuro del pasado tan nítidamente como normalmente se hace. Yo vivo mucho en el futuro, y por eso no necesito terminar mi biografía en el día de hoy, sino que puedo dejar tranquilamente que continúe. Brevemente voy a relatar cómo mi vida describe su arco completo. En los años hasta 1930 escribí algunos libros más, pero después le volví la espalda a ese oficio para siempre. La pregunta de si en realidad se me debe incluir entre los poetas o no fue investigada en dos conferencias por unos jóvenes muy aplicados, pero no se contestó.