Premio Nobel

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Un año después de que acabase la Segunda Guerra Mundial se le otorga a Hermann Hesse el Premio Nobel de Literatura. Pero el escritor, que entonces contaba 69 años y que siempre odió el jaleo en torno a su persona, no asiste a la ceremonia de entrega el 10 de noviembre de 1946, onomástica de Alfred Nobel. Hace que en Estocolmo lean una declaración de apenas dos páginas y disculpa su ausencia por su mal estado de salud y la destrucción de la obra de su vida en Alemania desde 1933. De hecho, en la época en la que le concedieron el premio Hesse se había retirado al oeste de Suiza para pasar una estancia de cuatro meses en un balneario. Pero se sentía muy unido a la idea de la fundación Nobel de no servir a la guerra y a la destrucción, sino a la paz y a la reconciliación. El premio que le concedieron lo considera Hermann Hesse "un reconocimiento del idioma alemán y de la aportación alemana a la cultura". En una carta escrita a su mujer Ninon, Hesse se expresa con menos finura: "Que el diablo se lleve ese maldito asunto." Teme la oleada prevista de telegramas y cartas. A su amigo y pintor Gunter Böhmer le escribe: "Hoy hay jarana en Estocolmo, la ceremonia en memoria de Nobel en gran gala, después un banquete, donde también se leerán unas palabras mías." El premio Nobel también se lo debió Hesse a su amigo Thomas Mann. Como premio Nobel del año 1929, durante años defendió a su paisano en la Academia. Es indudable que el otorgamiento del premio al cabo de tan poco tiempo de terminar la guerra tiene también un trasfondo político. Tras el desmoronamiento del nacionalsocialismo, donde Hesse estaba considerado un traidor a la patria y apenas podía ser editado, al mundo había que mostrarle un representante sin cargas y moralmente creíble del espíritu alemán y la cultura alemana.