Hesse a Stefan Zweig

Gaienhofen es un precioso pueblecito, muy pequeño, no tiene ferrocarril, ni tiendas, ni industria, ni siquiera un cura propio, de modo que hoy por la mañana, para ir al entierro de un vecino, he tenido que chapotear media hora por el campo bajo la más odiosa lluvia. Tampoco tiene canalización de agua, de modo que toda el agua la saco del pozo; no hay artesanos, de modo que yo mismo tengo que hacer las reparaciones necesarias en la casa, y tampoco hay carnicero, por lo que la carne, los embutidos, etc. los traigo en barca cruzando el lago desde el pueblecito más próximo de Thurgau. A cambio hay silencio, luz y agua limpia, buen ganado, verdura famosa, buena gente. Sólo hago vida social con mi mujer y con nuestro gato. Vivo en una pequeña granja alquilada, por la que pago un alquiler de 150 (ciento cincuenta) marcos al año. ¡Viva Peter Camenzind! Sin él no me habría podido casar ni trasladarme aquí. Me reportó 2.500 marcos, de los que puedo vivir dos años, por lo menos, si me quedo aquí. La fama, por la que me alegré al principio, es menos divertida de lo que pensaba. Los maestros de escuela y las asociaciones piden con estilo comercial ejemplares gratuitos de mi libro, etc. un periodista escribió que a cambio de un libro me quería entrevistar sobre Zeitgenossen ("Coetáneos"). Le escribí que debía ir a un balneario. Eso todavía fue en Calw, pero aquí, a Gaienhofen, no viene nadie, está demasiado apartado. Por cierto, ahora se han reducido las cartas, etc., y vuelve a haber tranquilidad en el campo. Mi boda se produjo a uña de caballo. Como mi suegro no está de acuerdo y no quiere saber nada de mí, yo fui a Basilea cuando él no estaba, y luego fuimos de inmediato al registro civil. Ahora el viejo gruñe desde lejos, pero parece calmarse poco a poco. Ahora soy un hombre casado, y de momento se acabaron los tapujos. Mi pequeña mujer es muy tierna y razonable. Aunque todavía no sabe que hoy he encargado un pequeño barril de vino blanco. Resulta que el vino de aquí es infamemente ácido.

 

De H. Hesse, Gesammelte Briefe, tomo 1 © Suhrkamp Verlag, Berlin